María, la madre milagrosa
Santa María, Dios la eligió entre las mujeres del mundo y entre todas las generaciones,
y la honró con un hijo, aunque ningún hombre la había tocado.
Este fruto, por la voluntad de Dios, fue una verdad y no una imaginación,
un regalo del Misericordioso, lleno de amor y ternura.
En una época en que el pueblo vivía bajo la autoridad de los sacerdotes y la tiranía de los romanos,
María crió a un niño destinado a ser un mensajero entre los hombres.
Llegó con un mensaje del Dios Misericordioso, difundiendo la justicia, tranquilizando las almas,
sembrando amor en los corazones y despertando esperanza en los espíritus.
Así, nuestro maestro Jesús, la paz sea con él, fue conocido por su humildad,
aunque Dios le concedió muchos milagros.
En sus manos, nada era imposible,
y sus milagros maravillaron las mentes y se extendieron entre los pueblos.